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Centro de Investigación y Promoción del Campesinado

LA RELACIÓN DE LA ESCUELA CON LA FAMILIA

LA RELACIÓN DE LA ESCUELA CON LA FAMILIA
Por María Lucila Sánchez López Formadora del Centro Ñari Walac y coordinadora de tutoría de la I.E. “Mariscal Ramón Castilla”  / Artículo publicado en el Suplemento SEMANA del Diario El Tiempo. Domingo, 25 de octubre de 2015. Pág. 10.

Entre sus variadas actividades, los y las docentes miembros del “Movimiento Pedagógico Regional” proponen cada sábado, a las 8:00 a.m., en colaboración con Radio Cutivalú, un programa radial orientado a reflexionar sobre temas educativos.

¿Existe relación entre la familia y la  escuela? A continuación se comparte con los lectores de Semana, las principales reflexiones generadas en el reciente programa que se dedicó al tema “Familia y la escuela“.

La transcendencia del rol de la familia en la formación integral de los niños, niñas y adolescentes es incuestionable, de allí la necesidad de realizar un trabajo articulado desde la escuela para lograr los objetivos educacionales, no obstante son diversas las dificultades que no permiten materializar esta colaboración.

Por ejemplo, haciendo un balance, de lo que son estos últimos años, ese vínculo de la familia con la escuela se va distanciando, por más que a nivel de las políticas educativas se promueva, pues al tratar de resolver problemas como  el ausentismo y la deserción escolar, la matrícula se ratifica de forma automática y ya no es necesario que el padre o madre de familia se acerque. Esta era una oportunidad que tenían los docentes para conocerlos y hoy hay menos posibilidad de hacerlo, menos tiempo para conversar y establecer un tipo de relación con el padre de familia, quienes no están obligados a aportar absolutamente nada. La situación ha cambiado tanto, que –en palabras del profesorado- “los y las estudiantes llegan a los colegios así, nada más pasa el año, pasan los años y en varios casos ni siquiera la mamá o el papá aparecen”.

La brecha de la relación familia-escuela

SIGUE CRECIENDO

Es significativa la brecha de la relación familia – escuela, sobre todo cuando los chicos, van avanzando en edad. Quizás en el nivel inicial, esta brecha no es notoria, por lo que los padres y/o madres los acompañan a la escuela, pero conforme los estudiantes van avanzando en edad este vínculo con la familia se va debilitando, ya en primaria no es tan fuerte y en secundaria hay un desapego terrible, porque los padres asumen que “ya están grandes” y pueden cuidarse solos. Esta realidad, se acentúa en la mayoría de los estudiantes de escuelas públicas especialmente. Uno de los factores de este desalentador panorama es el poco conocimiento de los de los padres y madres de familia sobre las reales necesidades de sus hijos e hijas en cada etapa de su desarrollo y del acompañamiento que requieren a lo largo de ciclo de estudios.

El interés de la familia para la educación

¿Cuál es el real interés de la familia sobre la educación de sus hijos? Para referirnos a esta pregunta es necesario hablar de la articulación que debe existir con la escuela. Pero no solo debe estar, en la práctica, referida a asistir a una reunión cuando se es convocado o convocada, sino al hecho de un verdadero interés en el padre/madre por aportar al desarrollo de la Institución Educativa en beneficio de su hijo e hija.

Antes, por los menos, se contaba con algunos mecanismos “que obligaban” al padre y madre de familia a asistir a las reuniones y entrevistas en una buena medida. Ahora, hay una desvinculación total, relejada en la “rala” asistencia a las denominadas escuelas de padres y, por consiguiente, un pobre compromiso real con los estudiantes. Y eso no es todo. De la poca participación a las reuniones convocadas, las madres son las que, más a menudo, asisten, las que siempre cumplen con su responsabilidad. El padre es el más ausente en la formación de sus hijos/as.

Las prioridades de las familias

En la actualidad, producto de la modernidad y de la globalización avasallante, el interés de la familia está centrado sobre todo en la parte económica. Papás y mamás dedican más tiempo del día a trabajar, muchos en forma independiente y nunca tienen tiempo para asistir a la escuela o acompañarlos en casa. Cuando hemos querido entrevistar a los padres y/o madres de los chicos que presentan serias dificultades, al menos en la institución educativa donde ejerzo la docencia, no se ha podido porque algunos ofrecen direcciones inexactas o falsean información, situación que no es resuelta dado a que los padres nunca llegan al colegio.

Existe una preocupación por darles comodidad a los hijos e hijas, pero evidentemente se ha descuidado la parte emocional y afectiva, el estar con la persona y el compartir.  Cuando se le pregunta a los padres ¿cómo es el día a día en la casa?, algunos responden “yo le dejo plata para que coma, o sea dinero para que vaya y compre comida”. Ni siquiera comparten el momento del almuerzo. En definitiva, el chico o chica que crían, está solo. Y así como este caso, tenemos muchos con el mismo perfil, que viven con madres o padres solteros, son familias monoparentales.

Las expectativas de la familia respecto a la escuela

Respecto a la educación, en la mayor parte de los casos, la familia ya no espera mucho de la escuela pública. Incluso un buen grupo de estudiantes llegan al colegio, porque deben terminar la educación secundaria, para obtener la certificación que les permita acceder fácilmente a una ocupación o una labor, aunque sea una labor simple. Pero, ya no tienen mayores expectativas para su vida, porque la misma familia se ha encargado de ir matándolas, sobre todo en aquellos jóvenes que tienen dificultades en su comportamiento. Una familia que tiene ese perfil y da ese tipo de mensaje desesperanzador a los hijos e hijas y no siembra ambiciones en ellos, ¿qué puede esperar de la escuela?

Los efectos en los estudiantes

¿Qué pasará si las condiciones negativas descritas líneas atrás continúan? El efecto más fuerte se verá reflejado en el desarrollo mismo del niño y adolescente y en la poca seguridad de sí mismo para enfrentar retos y obstáculos. En caso tenga alguna dificultad y no esté cerca su padre y/o madre, entonces acudirá a otras personas que a veces no son las más aconsejables y los riesgos se incrementarán. Cuando se observa a diario en los medios de comunicación la creciente ola de delincuencia o acciones de sicariato en la que muchos adolescentes y jóvenes participan, ¿no cree Ud. como lector que la pregunta, dónde está la causa principal, está demás? La respuesta es en la educación, donde la familia y la escuela es la relación a mejorar.

Responsabilidad de la Escuela, ¿cuál es?

Existen instituciones educativas donde se viene intentando trabajar de una manera diferente con las familias, pero las ideas se van agotando y las ganas también. Así en la institución donde laboro, un buen grupo de maestros, al igual que en varios colegios, están haciendo intensos esfuerzos. Pero, cuando vemos el desinterés de los padres y madres y las condiciones poco favorables que el Estado ofrece para este trabajo, nos desanima. “Antes los padres no iban al colegio porque decían que sólo les sacaban plata, ahora sabemos que eso no se puede hacer, pero igual no van”, afirman en reiteradas oportunidades los docentes.

Para que el profesor haga un trabajo eficaz con las familias necesita de tiempo  adicional a sus horas efectiva de clase y que deben ser consideradas dentro de su carga laboral, recursos para movilizarse a visitar a las familias con mayores dificultades y, sobre todo, necesita ser capacitado para orientar adecuadamente a los padres y madres a los que acompaña y de un soporte institucional que le brinde facilidades para la articulación con otra instituciones que velan por el desarrollo integral de los estudiantes.

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