CIPCA

Centro de Investigación y Promoción del Campesinado

AGUA, DESARROLLO SOSTENIBLE Y CAMBIO CLIMÁTICO

AGUA, DESARROLLO SOSTENIBLE Y CAMBIO CLIMÁTICO
Ricardo Pineda Milicich; Investigador del CIPCA / Artículo publicado en el Suplemento SEMANA  del Diario El Tiempo. Domingo, 15 de marzo de 2015. Pág. 08 y 09.

Antes de la era industrial, cuando el ambiente, en general, había llegado a una suerte de equilibrio ecológico, luego de los procesos naturales, de la evolución del planeta tierra. Cuando ya las plantas, los animales los microorganismos y el hombre se habían asentado y podían disponer de tierra vasta y fértil, de agua pura y cristalina, de aire fresco y sano. Cuando el planeta ya estaba listo para recibir a Adán y Eva, como la versión terrenal del paraíso perdido, todo apuntaba a una larga y cómoda estadía del hombre y la mujer, haciendo uso  prudente y sabio de sus recursos naturales, que el Creador había puesto a su disposición, con el encargo de usarlos en su beneficio, pero también para preservarlos para todas las generaciones que vendrían y poblarían este mundo, con la tarea sublime de conservar la vida “at infinitum”.

Pero, cuando la soberbia, la ambición, la sed de riqueza, de poder y gloria, hicieron presa de los hombres, se desataron las guerras fratricidas, de hermanos contra hermanos. Las guerras cundieron por todas las latitudes, la conquista de los territorios,  y la aniquilación de los pueblos, se hizo práctica común. Se sucedieron los conquistadores,  en todos los continentes, imponiendo la fuerza de sus ejércitos, y la sangre corrió copiosa, no solo por los campos de batalla, sino también por los campos de cultivo, por los ríos por los lagos, por los mares,  y por toda la tierra.

El “arte” de la guerra se hizo cada vez más sofisticado, el arte de degollar personas,  quemar poblaciones, destruir edificaciones, fue demostración de poderío, de grandeza, fue motivo de poemas y canciones. Los dioses de la guerra fueron ensalzados, santificados y adorados.

En tiempos más recientes el arte de matar y destruir, alcanzó niveles de alta tecnología y refinamiento: bomba atómica, submarinos, portaviones, ojivas nucleares, que podrían hacer estallar a todo el planeta.

Luego de la segunda guerra mundial, los señores de la guerra se toman un respiro. Se crea la Organización de las Naciones Unidas, precisamente para no volver a llegar a una nueva guerra mundial. Pero, los comerciantes de las guerras no se duermen, continúan produciendo armas  y acicateando rencores para encender nuevos focos de conflagración, que se ubican, principalmente en el sudeste asiático, el medio oriente y África, donde hoy en día, cada día, mueren cientos de personas de la manera más cruel e inhumana.

Paralelamente al galope de este caballo del Apocalipsis, se produce el desarrollo industrial, paradójicamente utilizando materiales e instrumentos, que se descubrieron y  fabricaron para la guerra: los explosivos fueron utilizados en la explotación de minas, construcción de caminos, túneles, etc.; los isótopos radiactivos se usaron para generar energía y en aplicaciones de la medicina y la agricultura; y los gases tóxicos para combatir plagas, etc.

La era industrial se instala y enseñorea en los países más adelantados. Surgen fábricas de todo, en todas partes: fábricas de automóviles, camiones,  barcos,  aviones, de materiales para la construcción, de menajes domésticos, de maquinaria agrícola, etc. fábricas de toda maquinaria, instrumento o insumo que se pueda imaginar, para atender los requerimientos de las innumerables actividades productivas o de servicios existentes en el mundo.

Pero, este desarrollo industrial llevaba en su vientre el germen de la contaminación y la degradación de los recursos naturales del planeta: aire, agua, suelos, bosques, minerales. Las fábricas devoran insaciablemente los recursos naturales, funcionan a marchas forzadas, las 24 horas del día, queman ingentes cantidades de hidrocarburos, atiborran de CO2 a la atmósfera, contribuyen irresponsablemente, al calentamiento global y cambio climático; exigiendo de sus operarios esfuerzos sobrehumanos. Surgen los movimientos sindicalistas de protesta y conquista de derechos laborales

Pareciera que el mismo instinto de codicia, egoísmo y sed de poder,  que animaba a los  reyes de las guerras, renaciera en los nuevos reyes de la economía, de la industria y el comercio. La ganancia monetaria es su norte, es su lema, es su praxis. Esta vez es la guerra del mercado, de la producción, del consumo, de la hegemonía política, del poder económico; mientras en medio mundo reina la pobreza el hambre la desnutrición, el abuso, la intolerancia, el fanatismo. Todo esto con la anuencia y  condescendencia de  gobiernos surgidos de esa misma entraña de egoísmo y codicia. Y entonces el desarrollo se entiende solo como el crecimiento económico, la acumulación de riqueza en muy pocas manos, que inmovilizan las ganancias, en moneda, valores, oro, joyas, en bóvedas de bancos internacionales, evadiendo impuestos y asegurando una vida de boato, probablemente hasta su quincuagésima generación familiar, de quienes detentan el poder político y económico mientras la tierra se desangra, se contamina,  agota sus recursos naturales, se calienta, y marcha al despeñadero.

Como una luz de esperanza para cambiar esta situación, nació en el seno de las Naciones Unidas la propuesta del “Desarrollo Sostenible”, esto es el logro de la  convergencia, armonía,  concertación,  acuerdo justo, equitativo, entre: el crecimiento de la producción, de la riqueza, del capital, con el uso racional de los recursos naturales, la protección del ambiente (suelos, aguas, bosques, biodiversidad), y con el usufructo y reparto equitativo de las ganancias, atendiendo las necesidades humanas de toda la población, que no son solo comida, vestido, techo, salud, educación, sino también la realización plena del ser humano, en los ámbitos intelectuales, sociales,  espirituales, en un marco de libertad, igualdad, fraternidad, democracia. Solo así se podrá aspirar a la paz.

El Desarrollo Sostenible establece la ligazón obligatoria, ineludible, entre los componentes económicos, ambientales y sociales; no concibe un desarrollo exclusivo, de ninguno de ellos, en forma separada.

Insistir solo en un crecimiento macro económico, mirando únicamente las cifras del PBI, de la inflación, de las reservas internacionales, de las exportaciones, de los equilibrios comerciales, etc. asumiendo que lo otro: el crecimiento del empleo o la disminución de la pobreza o desnutrición, se darán por añadidura, como consecuencia natural y lógica, como reflejo, como goteo, como rebote, es una crasa y convenienciera equivocación.

El crecimiento y acumulación de la riqueza monetaria y otros bienes materiales, en pocas manos, supera largamente la producción, lo que quiere decir que esa diferencia proviene de la sobreexplotación de los recursos naturales y de las personas. Y este es precisamente el concepto de insostenibilidad, es la imposibilidad de mantener indefinidamente  esta situación, en algún momento tiene que estallar, como ya está sucediendo en todo el mundo. Y esto tiene que ser afrontado, con valentía, con decisión, con acción, principalmente por parte de los gobiernos. No hay que esperar una  conflagración total.

Hay que frenar esa acumulación de bienes, de poder, de dispendio, de lujos, por parte de las élites privilegiadas; conseguidas a costa del sufrimiento de los más pobres, del regateo de los derechos laborales fundamentales, de la degradación y contaminación de la tierra.

Desde la primera cumbre ambiental mundial de Estocolmo (1972), han transcurrido 43 años. En esta cumbre se destapó, por primera vez, el problema de la industrialización acelerada y sus consecuencias de degradación y contaminación de los recursos naturales, y daños en el ambiente y la vida en general en el planeta.

Tuvieron que pasar 20 años más para que en la siguiente cumbre mundial de Río de  Janeiro (1992) se plantearan compromisos de las naciones para hacer frente a este problema; a través de documentos como La Agenda 21, los Convenios de Biodiversidad, Cambio Climático, Desertificación y sequía etc.

Todos estos problemas se siguen discutiendo en  foros mundiales, desde donde se emiten informes periódicos, señales de alerta, llamadas de urgencia, etc. pero los gobiernos del mundo, en general,  contemplan indolentemente estos llamados; actúan en paradoja, por un lado facilitando reuniones internacionales, donde, como en el caso de la última COP-20, el Perú gastó alrededor de 80 millones de soles en la organización de este evento; y por otro lado, retornando a su tares diaria de fomentar inversiones  que no garantizan el cumplimiento del principio del Desarrollo Sostenible, como por ejemplo dar marcha atrás en la normatividad ambiental y regatear derechos laborales ;  y con ello solo se está  incubando conflictos a corto o mediano plazo.

En el mundo antiguo nadie podía imaginar que en algún momento el agua y el aire pudieran ser materia de conflicto, había aire puro para todos, todos podían respirar, profundamente, sin ningún temor, con total confianza de  estar aspirando un aire totalmente oxigenado sin ningún contaminante. El agua limpia, pura, discurría por todo el mundo, los lagos, los ríos, los puquios eran fuentes directas para la bebida o cualquier otro uso, sin ninguna condición, sin ninguna restricción, sin costo alguno.

Hoy, el agua es el recurso natural más preciado, codiciado, disputado, es fuente de los  mayores conflictos, actuales y potenciales.

En Piura, somos habitantes de un desierto y nuestra agua disponible depende solo de la precipitación pluvial, que es esporádica y errática. Las lluvias son humanamente ingobernables, son gobernadas por el clima, se presentan copiosamente durante unos 4 a 5 meses (diciembre a abril) y el resto del año se ausenta. En estos primeros meses, en años lluviosos, las aguas llenan todos los recipientes que tengan a su alcance, sin distinción alguna: represas, ríos, canales, drenes, campos de cultivo, poblaciones, etc. Todo el volumen de agua que no logre ubicarse en un recipiente, se desborda, se infiltra, y acaba perdiéndose en el mar o el desierto, desprendiendo de la cuenca.

Por lo tanto, la única manera de poder aprovechar los beneficios de estas lluvias y evitar  su poder destructivo, es encausando y almacenando.

La actual zonificación ecológica del departamento de Piura, señala que existen 300 000 nuevas hectáreas de suelos con capacidad potencial agrícola, donde se podría instalar algún tipo de cultivo, siempre y cuando se disponga del agua necesaria, en cantidad, calidad y oportunidad.

En estos momentos, y a futuro con mayor intensidad, el calentamiento global y su consecuencia de cambio climático, serán causa de un aumento de las lluvias, y por lo tanto, también de sus efectos, tanto positivos como negativos. Por lo tanto, a nivel del Gobierno Regional y demás instituciones estatales y privadas, se debe entender que la mayor inversión, preocupación y acción, deben encaminarse al encauzamiento de los flujos de agua, potenciación de los reservorios actuales y construcción de otros nuevos. La naturaleza nos ofrece y abastece, cada año, de agua pura de lluvia, solo tenemos que saber almacenarla y usarla sabiamente (en Arequipa, los usuarios agrarios de la Joya y la Minera Cerro Verde están en conflicto, disputándose aguas residuales, para darles uso minero o agrícola, respectivamente).

Si esto se hiciera realidad, el encauzamiento y almacenamiento, podríamos pensar en cultivar aquellas 300 000 ha aún disponibles, y evitar los inmensos daños que causan los desbordes e inundaciones, en toda la infraestructura hidráulica, cultivos y poblaciones. Este es un asunto de verdadera prioridad, A-1 como se suele decir.

Pero, tanto a la fecha, con el agua disponible que se tiene, como de la que podría disponerse a futuro, si se almacena adecuadamente, es indispensable que intervenga directamente el Consejo de Recursos Hídricos de la Cuenca Chira Piura (CRHCP) en la asignación de derechos de uso u otras formas de entrega de agua a los solicitantes.

No puede ser admisible, de ninguna manera, que se gestionen y se otorguen en Lima, derechos de uso de agua, a criterio únicamente de las más altas autoridades de la Autoridad Nacional del Agua (ANA), sin la intervención de las autoridades piurana. Pero, para ello es necesario que este Consejo disponga de la información más exhaustiva y reciente, que se pueda conseguir, de cuánta tierra cultivada y cultivable tenemos; así como de cuánta agua disponemos realmente (disponibilidad real). Y de acuerdo a ello, y a los intereses del desarrollo sostenible de la región, debe preparar  un Plan sostenible de ampliación de frontera agrícola y asignación de agua, en forma priorizada, equitativa y justa.

Este debe ser un objetivo que esté claramente establecido en los Programas y Planes de Desarrollo Sostenible de Piura, con todos los elementos que sean requeridos para su implementación, incluyendo presupuesto.

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